Reportaje: La Iglesia católica y el colectivo LGTBI+

Viñetas de David Hayward

La relación entre la Iglesia católica y el colectivo LGTBI+ ha sido y es compleja y violenta y sobre todo algo de lo que no se habla lo suficiente, pero este es un reportaje que nace del deseo de reconciliación. Esta investigación surgió del conflicto emocional, de la memoria histórica y la dificultad de hacer las paces con una institución que a día de hoy sigue contaminada por el odio y la indiferencia (que puede ser tan dañina como el odio) y que choca con el placer del encuentro espiritual que creo que todo ser humano descubre en algún momento de su vida, aunque sea de forma temporal.

Para hacer este reportaje me puse en contacto con seis personas católicas pertenecientes al colectivo LGTBI+. Me hubiera gustado hacerlo con una muestra más amplia o con un rango más diverso en cuanto a cultos y religiones, pero no me ha resultado fácil contactar con gente que pudiese completar el abanico y, por otro lado, tenía que buscar que fuera suficientemente coherente y representativo.

Guillermo es un joven madrileño, católico y progresista desde pequeño. Trabaja como creativo publicitario e intenta llevar a su profesión sus implicaciones sociales. Yo le conocí precisamente en el Orgullo del año 2017 y posiblemente fue el primero que hizo brotar las inquietudes que hoy se reflejan en este artículo.

María Prieto Piédrola, de 21 años. Está terminando la carrera de Psicología. Pertenece a un grupo de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe desde hace 14 años, y antes de eso ya se bautizó allí. Pertenece al colectivo LGTBI (bisexual).

Jesús Narvarte es un joven de 21 años madrileño. Estudia biología y quiere dedicarse a la investigación médica. Le gusta tocar el piano, leer mucho y salir al parque a estar tirado con sus amigos/as. Es cristiano, bisexual y con pluma (no suele presentarse así, pero cree que es importante para poner en contexto sus palabras).

Marina Gómez Garrido (21 años). Estudiante del grado de Historia en la UAM, aunque comenzó los estudios de Derecho y Ciencias Políticas. Lleva vinculada a las parroquias de San Ambrosio y Santo Tomás, ya que ambas forman una unidad pastoral y comparten sus actividades, desde los 15 años; ha participado en los grupos de reflexión de estos espacios, y a los 18 comenzó ella misma a ser catequista de grupos de jóvenes, así como monitora en los campamentos de verano que se organizan allí. Ahora mismo se encuentra realizando las prácticas de coordinadora de ocio y tiempo y libre en esa misma parroquia, y con suerte, según sus propias palabras “no le tiran la memoria y podrá organizar los campas como los de los 80, donde los niños se cazaban su propio desayuno y a los padres no les preocupaba”.

Eva es una mujer bisexual de 20 años, muy activa en una parroquia de barrio de Madrid. Ha participado en grupos de niños, de adolescentes, de jóvenes y ahora es acompañante de un grupo de jóvenes de 17 años.

Clara Manzano se describe como: LGTBIAQ+, cercana a las teorías queer y transfeministas, sexóloga en formación, crecida en comunidad adsis y espiritualmente receptiva.

Aunque muchos de ellos señalaron lo problemático que puede ser generalizar, todos ellos parten del reconocimiento del problema de LGTBIfobia que existe en el seno de la iglesia católica como institución. También consideran importante señalar los cambios que está habiendo dentro de esta, de los que forman parte, y diría que encarnan esta lucha por el respeto y la inclusión de todas las personas en la iglesia católica desde un prisma que, no por ser crítico, deja de ser optimista.

El diagnóstico de Guillermo era el siguiente: “la Iglesia se ha ido haciendo un poco más acogedora y menos acusadora en rasgos generales. Los actos homosexuales siguen siendo un pecado, pero la repudia y el juicio público que se podía hacer hace unas décadas creo que ha quedado reducido a una minoría, y ahora la mayoría de las parroquias se moverán en un ‘me sigue incomodando esto que haces, pero aquí abrazamos a todo el mundo así que…’ […] Hasta hace unos años la fe católica era la norma, y por lo tanto eran estos últimos quienes tenían el poder para aceptar o no a esa minoría. Aunque nuestro colectivo [LGTBI+] sigue siendo minoría, la aceptación del mismo es mayoritaria, mientras que el número de creyentes, especialmente entre los jóvenes, cae drásticamente.”

María señala: “[Existe] mucha gente que sigue haciendo mucho daño, que, en mi opinión, no sigue el mensaje de amor de Jesús, y cuya religión se basa aún en el seguimiento de costumbres que poca implicación tienen con el camino que yo siento que propone la religión realmente.”

Jesús también cree que la relación entre ambos colectivos es hostil y distingue una discriminación activa más puntual y una discriminación pasiva mucho más extendida. “Se nos trata de ocultar o evitar, no se nos menciona, se nos trata con pena”.

Marina considera que la mayoría de las y los cristianos no son ni más ni menos discriminatorios que el resto de la sociedad. “El problema reside en la estructura eclesiástica en sí, la cual sigue una corriente muy alejada del sentir mayoritario. La jerarquía tan sumamente vertical de la Iglesia Católica no sólo ha quedado desfasada y nada democrática, sino que consigue que quienes siempre controlan el poder último y la doctrina pertenezcan a la rama más conservadora de la Iglesia Católica, donde se priorizan siempre los ritos y los símbolos, y no se permite avanzar ni contextualizar el mensaje de Jesús a la realidad del siglo XXI.

Esta minoría que controla el supuesto discurso general, por supuesto se opone a los derechos LGTBI+ y de las mujeres, y no son (o no quieren ser) realmente conscientes del daño que les supone esta postura. Esta es la razón de que cada vez sean menos las personas que participan en la Iglesia. El clásico lamento que a tod@s l@s que hacemos actividades dentro de la Iglesia nos toca oír es ‘Los jóvenes ya no van a la iglesia. Hace 20 años esta parroquia estaba llena y ahora…’. Me hace gracia porque es la típica cosa que va precedida de miradas de complicidad entre tú y tus compas jóvenes, en la que todo el mundo piensa en la misma pregunta retórica ¿Por qué será? Gran parte del desapego de muchos ex-fieles se debe a que no encuentran motivos para seguir apegados a una institución que niega tantas cosas que la sociedad actual ya da por hecho”.

Eva también ve necesario distinguir entre las diferentes realidades abarcadas bajo el término “iglesia”. “Cuando nos referimos sólo a la jerarquía utilizando el nombre de iglesia estamos dejando de lado que, sin todas esas comunidades de barrio, nada de lo demás tendría sentido, ni siquiera tendría lugar.

Creo que es evidente que ha habido personas, muchas, por desgracia, que han utilizado el mensaje del evangelio para cerrar puertas; lo hacen con las mujeres, lo hacen hasta con los pobres, y mira que en ese campo el mensaje no podría ser más explícito, pero me niego a pensar que sólo esas personas representan a la iglesia.

            Manifestaciones de esta tensión… me vienen muchas a la cabeza, me vienen las personas que conozco que han tenido miedo a salir del armario en sus parroquias por si les empezaban a tratar distinto, quienes han tenido que escuchar que estaban enfermos o incluso quienes han recibido supuestas terapias que no eran más que tortura psicológica. Pero también me vienen comunidades que han sido lugares de crecimiento, en las que no ha sido necesario dar explicaciones o que han servido como apoyo para entenderse en medio de un mundo muchas veces hostil con la diversidad.”

Clara pone el foco del problema no solo en la necesidad de que parte de la iglesia se desprenda de la tradición franquista, “para mí y creo que para muchas personas que por la cultura católica han sido perseguidas y aún siguen siéndolo, la iglesia debería tratar de reparar el daño causado. Creo que, aunque ha habido avances, aún existe miedo y sobre todo, se siente miedo en espacios donde te encuentras a gente de derechas, fascista, que generalmente lleva la iglesia por bandera. […]

Cuando la iglesia ha realizado torturas, ha asesinado, ha esclavizado, y ha sido totalmente implacable contra todo lo que no estaba dentro de su doctrina, no se ha pedido perdón ni se ha intentado reparar de ningún modo. Gran parte de la sociedad se ha quedado con ‘lo bueno’. Es decir, con la iglesia que no era tan bien vista por el Vaticano y por los poderes franquistas, con los que han sido más solidarixs, con aquellxs que formaron parte de diferentes movimientos sociales, especialmente estudiantiles. Pero esa no es la iglesia mayoritaria. Sin embargo, no interesa ver las atrocidades, interesa ver lo bueno para no “generalizar” ni crear un estigma a las personas creyentes católicas y, sobre todo, para seguir teniendo poder dentro de los estados y de la política.”

Las personas a las que entrevisté han vivido en sus propias carnes ejemplos de este rechazo; aunque ellas mismas señalan su puntualidad, no deja de ser una violencia muy desagradable y creo que es necesario visibilizar su existencia, así como la necesidad de una respuesta.

Por ejemplo, Jesús me contaba cómo “en un encuentro de la JMJ [Jornada Mundial de la Juventud] hace unos años en Polonia hubo un obispo que insultó al colectivo LGTBI+, yo me quedé sin palabras intentando hacerme invisible, que no se notara mi pluma, que nadie se diera cuenta, porque la gente le aplaudía. En ese momento en que tenía miedo me acuerdo de que mi hermano cogió el micro que estaban pasando y dijo: ‘Se supone que el mensaje de Jesús es que nos amemos sin condiciones, no que busquemos la discriminación’. No me acuerdo de si fueron estás las palabras exactas o si dijo algo más, pero cuando lo dijo miré a mi amiga, que estaba a mi lado y me sonreía, y me sentí acogido. Creo que siempre he tenido esa suerte, que cuando me sentía despreciado por la iglesia también estaba el otro lado, que me recordaba que soy amado por cómo soy en mi totalidad, sin condiciones.”

Marina relataba que “en una ocasión el entonces párroco (de hecho, sustituto del párroco) nos pidió que en el local Mi Kasa, un espacio dentro de la parroquia que autogestionamos l@s jóvenes, no incluyésemos decoración de ‘tipo lgtbi’ porque ‘podía causar controversia’. Huelga decir que hicimos caso omiso.”

Eva decía “he llegado a escuchar que quizá no debería ser monitora de grupos de jóvenes porque soy un mal ejemplo, que ‘la gente como yo’ nos estamos inventando una iglesia a nuestra medida, que La Verdad del Evangelio (les encantan las mayúsculas) no permite nuestros pecados… […]

Me encantaría decir que las veces que me han dicho estas cosas he sabido responder con pedagogía pero siendo contundente, que he sido asertiva explicando mi posición y que he conseguido transmitir lo que para mí significa ser una mujer bisexual y creyente, pero la realidad es que no siempre ha sido así. Cuando los debates pasan del plano ideológico al personal, cuando ya no se habla de doctrina sino de ti, del derecho a la pertenencia que tienes, no siempre es fácil responder. A veces me he sentido intimidada, me ha dado miedo pensar que las personas que decían esto tenían más formación y quizá podían tener hasta razón, es como si le dieran argumentos al matón del colegio para hacerte sentir una vez más que no has encontrado tu sitio”.

Clara contaba: “en la clase de religión había debates en los que me sentía muy incómoda, pero en concreto, hubo una situación muy violenta en la que se habló de matrimonio o algo así y salió el tema de la homosexualidad, afirmando que era antinatural porque el palito entra en el agujero y un palito con otro palito no encaja. O algo así nos dijeron, además de otra serie de estupideces… La verdad es que me bloqueé y no fui capaz de decir nada. Por suerte, tuve compis de clase que sí hablaron haciendo referencia a que aquello que estaban diciendo era una aberración.

Ahora, con total seguridad reaccionaría de otra manera, pero claro, ahora cuento con herramientas que antes no tenía. Da miedo pensar que otras personas se encuentren sin esas herramientas en esa situación, porque es totalmente denunciable. Aquí, por ejemplo, también sería bueno que la iglesia no callara y que no ‘respetara’ este tipo de violencias.”

Es difícil hablar de este tema sin mencionar la comunidad CRISMHOM y otras comunidades cristianas activamente inclusivas con las personas LGTBI+ y personalizadas a este tipo de opresiones.

Guillermo decía: “Ojalá si una persona LGTBI+ no encontrase su hueco en una Iglesia pudiese buscarlo y encontrarlo en otra. Creo que una de las virtudes de la inmensa pluralidad de nuestra comunidad cristiana es esa: que seguro que hay un lugar donde te sientes 100% a gusto con lo que eres y lo que crees. Pero me da mucha pena y rabia que esa búsqueda sea fruto de la discriminación y no de meras diferencias a la hora de entender la vida. […] Desgraciadamente, creo que la mayoría de personas LGTBI+ que no se sientan acogidas en sus entornos creyentes, más que buscar alternativas, dejarán sus comunidades y acabarán perdiendo la fe o viviéndola por su cuenta. Es una pena, la Iglesia del Jesús que comía con todxs tiene que ser verdadera acogida universal, no pedirte el DNI en la puerta para ver quién entra y quién no […] Yo me lo tomo como parte de mi misión como cristiano, mostrarle a la sociedad que hay otra forma de ser Iglesia, otra forma de seguir a Jesús, otra forma de construir Reino, que no tiene mucho que ver con lo que les han enseñado hasta ahora”.

María cree que hay mucha diferencia entre el porcentaje de personas LGTBI+ de una iglesia a otra, “les he escuchado decir, a raíz de esto, que no es lo que desean, que preferirían pertenecer a comunidades donde fueran aceptadas tal y como son, y que no hubiera hecho falta crear ese espacio”.

Jesús cuenta que él mismo dejó de ir a la iglesia de su pueblo, donde no creía que hubiera ninguna persona LGTBI+, porque no se sentía cómodo; sin embargo, “hay muchos sitios más donde somos una persona más dentro de la comunidad. Lo bueno y malo de estos sitios es que no llaman la atención, malo porque no se ve esta cara de la iglesia, pero bueno porque no queremos (o al menos yo, no pretendo hablar por todo el colectivo) ser noticia por algo que debería ser normal”.

Marina sabe que a pesar de que su experiencia personal ha sido buena, “hay muchas otras parroquias y espacios cristianos donde ser del colectivo supone recibir agresiones constantes y salir del armario, ser tú mism@ y hacerte respetar, requiere demasiado sufrimiento como para que valga la pena. La verdad es que lo de  martirizarse a un@ mism@ no es algo que deba premiarse, por mucho que la Iglesia diga. Duele especialmente, puesto que este rechazo lo recibes de un espacio que dice ser la Casa de Dios, y te dice día tras día que tú no eres dign@ de ella. Por eso la mayoría se mantienen en comunidades seguras, pero a largo plazo no soluciona el problema, puesto que los espacios no reformados siguen siendo los mismos y continúan siendo intolerantes y reaccionarios al cambio […] La Iglesia necesita un cambio radical y democrático para poder llegar a ser, en todo su conjunto, el espacio de acogida, tolerancia y amor que debería haber sido sido siempre.”

Eva en cambio no cree que el número de personas LGTBI+, especialmente niñes y adolescentes, cambie de una parroquia a otra, lo que cambia es la forma de relacionarse. “Creo que las comunidades menos tolerantes lo único que hacen es obligar a sus niños y adolescentes a vivir desde la culpa y el miedo, les ponen aún más dificultades para entenderse y les bajan la autoestima hasta el punto de negarse a sí mismos, pero existir, existen.

Sí que es posible que como adultos nos sintamos más libres de cambiar de contexto si no nos sentimos apoyados y que quienes, después de una experiencia así, sigan teniendo ganas de estar acompañados en su fe, lo normal es que busquen espacios explícitamente tolerantes. Es que estamos jugando con algo tan importante como el amor y el respeto a uno mismo”. Su interpretación del cristianismo es clara: “Si algo tiene que ser la iglesia es un espacio seguro y tolerante. No sólo con las personas lgtb, tiene que serlo con las mujeres, con los migrantes, con las clases trabajadoras más precarizadas.

Tenemos que replantearnos si tiene sentido construir comunidades en las que no haya cabida para la diversidad humana y si resulta que lo que queremos es eso, repensar si esas ideas tienen algo que ver con la esencia del cristianismo; yo diría que no”.

Clara subraya la perspectiva interseccional que tiene la construcción de una comunidad religiosa inclusiva: “hay muchas personas (entre las que me incluyo) que precisamente por nuestra experiencia como LGTBIAQ+ (entre otras experiencias) y compartiendo con otras realidades, nos estamos cuestionando los modelos de relación y de relacionarnos. Mucha gente sentimos que algo falla, que la forma en la que históricamente nos hemos relacionado tiene mucho que ver con esa herencia católica rancia, que reproduce violencias y arrastra años y años de culpas y de competencias capitalistas extremas”.  La solución que ella propone es “preguntar y acercarse a los movimientos sociales, a las personas que viven estas situaciones opresivas, y responsabilizarse desde ahí, y creo que todo ello tiene cabida desde el Evangelio y desde la construcción de ese ‘Reino’ del que siempre se habla en la iglesia”.

Sobre la autora

Laura López (lalu bee) empezó a tomarse en serio la escritura a los 16 años (2016) al formar parte del colectivo de escritoras “Las Brujas de Mayo”, en 2017 fue co-fundadora del colectivo de mujeres artistas “Las Sin Miedo”, en 2018 publicó su primer fanzine titulado “Cómo fabricar una mujer”, en 2019 comenzó a ser co-editora de la revista “La Gorgona” y hace poco sacó su segundo fanzine titulado “No tengo miedo”. Puedes leerla en Twitter en @lalubee_ o en Instagram en @lalu.bee

¿Nos apoyas?

Si estás aprendiendo con nosotras gracias a contenidos como este, y quieres que podamos traer a La Gorgona más entrevistas, artículos, reportajes… interesantes y enriquecedores ¡no dudes en apoyarnos en Ko-Fi!

Asimismo, te estaremos muy agradecidas si compartes en tus redes sociales, mencionándonos en FacebookTwitter e Instagram.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s