No volvamos a la normalidad: propuestas para el cambio

[Este artículo habla de una etapa anterior en el confinamiento por la crisis sanitaria del Covid-19, desde la que ya hemos progresado; sin embargo, las propuestas que plantea la autora siguen resultándonos fundamentales].

Sobre la autora

La Santa Angela es artista, música y editora de moda. Make your own rules.

Tras más de mes y medio de encierro y el proceso emocional que esto conlleva, las estadísticas por fin despiertan algo de esperanza. Y tras el comienzo de lo que esperamos que sea una desescalada responsable, la situación se está regulando de forma progresiva. Cada vez está más cerca el momento en el que se levantará la cuarentena por completo.

Son muchas las almas inquietas que, como servidora, no han pasado estas semanas en el sofá ni en la cama ni en la nevera, sino, quizás como mecanismo de defensa, trabajando duro con la esperanza de convertir este momento de confusión global en algo productivo. Ya no necesariamente en el sentido lucrativo, sino con la intención de mejorarse a una misma, ya sea haciendo cursos online, poniéndose al día con la lectura, escribiendo o ensayando.

Y está claro que el sentido del deber de ser mejores personas en cuarentena ha trascendido. ¿Habéis visto esos posts en Instagram? Los que dicen algo así como “no se trata de volver a la normalidad, porque lo normal no estaba funcionando”.

Una frase tan verdadera como difusa, que puede dar pie a infinidad de debates. 

Aparte de la oportunidad que esta situación nos ha dado a muchas personas para dedicarnos tiempo a nosotras mismas ¿cuál es el cambio positivo que hay que dar en el sentido global? Porque sí que es muy bonita la cita, pero no da ninguna pista sobre qué es lo que podemos hacer exactamente para promover un cambio a mejor. A no ser que le dediquemos un espacio de reflexión, lo que, al ser Instagram, parece una contradicción en los términos; esta aplicación es un bastión de la era en la que vivimos: lo rápido.

Rápido: la primera pista.

Desde el primer día, uno de los principales puntos positivos de la cuarentena fue, para muchas personas, la posibilidad de, por fin, poder dar freno al estilo de vida acelerada que llevamos. Al fin y al cabo, esta es la era de la fast food (comida rápida), de la fast fashion o moda rápida, del sobreestímulo y la distracción, de la que muchas hemos sido víctimas.

Sin embargo, las primeras víctimas de este estilo de vida suelen encontrarse fuera de nuestro campo de visión.

En la industria de la moda rápida, en concreto, hablamos de trabajadoras en distintas partes del mundo: fábricas de Bangladesh, China o Turquía. Y cómo no, la mayoría son mujeres con sueldos que no llegan al mínimo en su país y que probablemente ni siquiera han cobrado estos meses, debido a las cancelaciones de las cadenas que subcontratan a las fábricas (Inditex, H&M, Primark, Mango…). Éstas, a su vez, miran hacia otro lado cuando la seguridad de sus trabajadoras se ve comprometida o se ignora por completo. 

Por no mencionar el porcentaje de esas mismas trabajadoras contagiadas por el Covid-19 y que no pueden permitirse ningún tipo de baja o de ayuda médica. Personas con familias que no van a comer este mes, y que posiblemente no puedan pagar el alquiler.

Al menos podemos suspirar aliviadas por la disminución de contaminación den el medio ambiente, gracias a la reducción de tráfico e industria. Y es cierto que la industria textil es la segunda industria más contaminante, pero ¿cuál es la primera?

La industria ganadera -que desgraciadamente no decreció durante la crisis- es responsable de una aplastante cantidad de gases contaminantes. Según Greenpeace: “en 2017 este sector fue el responsable del 92% de estas emisiones [de amoníaco en España]” y en el mundo, “responsable del 14,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, tantas como emiten todos los coches, trenes, barcos y aviones juntos”.

Por no mencionar su papel en los incendios forestales del 2019, causados para crear campos para ganado. El que más atención recabó fue el del Amazonas. Y es que la ganadería industrial es la principal industria responsable de la deforestación.

Ahora bien, la quema de espacios naturales para crear pastos es una práctica que se lleva haciendo (y denunciando) desde hace años. Es especialmente preocupante cuando las autoridades no sólo no lo condenan, sino que hacen la vista gorda cuando la Ley de Montes se infringe, o recurren a resquicios legales, que permiten la recalificación de zonas quemadas.

Se lleva diciendo durante décadas: la industria cárnica es un lobby, un grupo de presión con poderes económicos y políticos, al que poco le interesa que salga a la luz la demoledora cantidad de contaminación que emite, y su influencia directa en el cambio climático.

Muy bien, pero y ahora ¿qué?

Estas verdades son difíciles de digerir, y decirlas de forma tan directa y cortante suele tener el efecto contrario al deseado. Es más fácil hundirse y pensar que nada de lo que hagamos como individuos será suficiente por mejorar la situación del mundo.

Quizás, a primera vista, lo que se propone (dejar de contribuir a las dos industrias más malignas para el planeta) parezca una locura que no va a tener efecto a gran escala, si una no está familiarizada con las estadísticas de los últimos años.

El vegetarianismo creció en un 300% en el año 2019 en Estados Unidos y un 400% en Portugal. Y sí, ya lo sé. A estas alturas, las estadísticas relativas a unos países concretos no dice mucho, pero ¿habéis visto el tamaño de EEUU? Es comparable al de Europa.

La industria de la moda de segunda mano y vintage es un mercado en auge. Las estadísticas muestran un incremento de 21 veces más desde 2015. Igual conocer las costumbres de consumo no es lo que más nos interesa, pero esta información sugiere una mayor concienciación, lo que puede significar una conversión total al mercado de segunda mano por parte de la mayoría de la población en un futuro. Y quizás, el fin de la industria de la moda rápida. ¿Qué tenemos que perder? Tenemos Wallapop, Ebay, las tiendas de segunda mano, las vintage, los intercambios de ropa entre amigas, las tiendas gratis de los centros okupas, la customización de prendas en casa…

La frase “sé el cambio que quieres ver en el mundo” molesta por lo reductiva que es… pero no podemos ignorar su parte de verdad, y es que, pese a las desigualdades, dificultades e injusticias que vivimos en nuestra propia vida, siempre hay algo en nuestra mano que mejorar. Hace falta sólo una pieza para crear un efecto dominó en el mundo.

¿Qué más cosas podemos y debemos hacer?

Recientemente, se lanzó el hashtag #RegularizaciónYa, una campaña que exige “la regularización de aquellas personas migrantes que, contando con formación en salud, o dispuestas a trabajar en el sector agrario, pudiesen contribuir a afrontar los retos de la crisis sanitaria y social”. Esta campaña ya ha sido apoyada por más de 900 colectivos activistas y antirracistas y ONGs.

Pese a ser una propuesta que ha surgido durante la crisis sociosanitaria del Covid-19, este movimiento tiene el potencial de convertirse en algo más permanente. Está claro que, crisis o no, las personas migrantes merecen acceso a sanidad, educación y vivienda dignas, es decir, que ningún ser humano es ilegal. A través del apoyo a este movimiento, estamos generando presión para que se acabe de una vez con la Ley de Extranjería y así empezar a crear una sociedad inclusiva de verdad. Basta de precariedad, de vulneración de derechos, de abuso. 

¿Cómo lo podemos hacer? A parte de usar el hashtag, en la página oficial podemos seguir de cerca lo que ocurre, además de descargar imágenes de la campaña para movilizar por redes sociales. También podemos seguir a los colectivos, que vienen numerados en la página ‘adhesiones’, debajo del comunicado.

¿Aún tenemos ganas de más?

Tengo mis dudas sobre si incluir esta sección, por miedo a que omitáis todo lo dicho arriba (que considero la forma más directa de crear un cambio a nivel global) y os quedéis solamente con esto, que no es nada nuevo y realmente es más complejo a la hora de aportar soluciones materiales.

Sin embargo, sería ridículo hacer un artículo sobre cosas que podemos hacer para convertir la crisis en una oportunidad sin plantear que, indiscutiblemente, parte del motivo por el que estamos en esta situación es por nuestro Gobierno.

Por otro lado, siempre nos queda hacernos estas preguntas (y más):

¿Qué pasos está dando nuestro Gobierno para que esta crisis no se vuelva a repetir?

¿Qué pasos se están dando a nivel medioambiental para mantener los aspectos positivos de la crisis (descenso en contaminación, etc)?

¿Qué pasos se están dando a nivel social para que no quede ni una persona en España expuesta al riesgo?

¿Qué pasos se están dando para perseguir el serio problema de corrupción que ha salpicado esta crisis?

¿Dónde están yendo nuestros impuestos si no sirven para proteger a las personas en estado de necesidad?

¿Quiénes están chupando de los fondos públicos en estos momentos de forma totalmente legal y constitucional, pero también lo han hecho de forma ilegal en numerosas ocasiones sin consecuencias? ¿Es posible que vaya siendo hora de destronar a cierta familia que no hace más que holgazanear a costa de nuestro trabajo?

Son cosas que debemos tener en cuenta no sólo a la hora de votar más adelante, sino a la hora de convocar manifestaciones y protestas en contra de esta desfachatez. Enfadarnos más cuando nuestros derechos son vulnerados por el propio Estado, o cuando nos intentan callar mediante la imposición de leyes opresivas (por ejemplo, la Ley Mordaza). También, espero, buscar estrategias de acción directa, pero para hablar de eso haría falta escribir otro artículo.

Así que, con todo esto dicho, si buscabais formas prácticas de mejorar el mundo, aquí tenéis algunos puntos que sugerimos muchas personas, para empezar. No va a ser fácil, pero, como también reza otro cliché muy amigo de las redes sociales, “lo que no nos mata nos hace más fuertes”. Y a mí esta me parece una batalla por la que merece la pena luchar.

Porque ese post de Instagram tenía mucha razón: no, no estaban funcionando las cosas.

Ya iba siendo hora de hacer algo por cambiarlas, ¿no?

Ya no acepto las cosas que no puedo cambiar. Estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar.” Angela Davis