Las secuelas de la violencia: El Trastorno por Estrés Postraumático es más común en mujeres que en hombres

Sol Camarena Medina

El trastorno por estrés postraumático se diagnostica ante casos en que un suceso traumático tiene como consecuencia efectos duraderos en la salud mental y emocional de la persona; muchos individuos presentan respuestas a corto plazo a estos sucesos, mientras que algunas personas desarrollan síntomas más a largo plazo, y es entonces cuando se suele hablar de trastorno por estrés postraumático.

Algunos de los síntomas más generalizados de esta dolencia son los recuerdos intrusivos (que suelen manifestarse en forma de flashbacks, pesadillas, o ambos), las alteraciones del estado de ánimo, con emociones como tristeza, mucho miedo, culpabilidad, apatía… y, en lo que respecta a la conducta, la tendencia a evitar situaciones asociadas al bagaje traumático, así como otras alteraciones en el comportamiento, como pueden serlo los ataques de ira y las irregularidades en el horario de sueño.

Salta a la vista, así, que la definición estándar del diagnóstico conocido como trastorno por estrés postraumático es innegablemente amplia. Y, sin embargo, las imágenes y narrativas asociadas a este diagnóstico suelen ser casi siempre las mismas: las de la película estadounidense cuya trama gira en torno a la vuelta a casa de un veterano de guerra en el Sur global.

¿Por qué conectamos tan fácilmente con una experiencia tan alejada de la de la mayoría de personas que conozco, y no con algo tan a la orden del día, por terrible que sea esto, como lo es una agresión sexual? ¿Qué sucede cuando el superviviente no sobrevive precisamente a marcharse de casa para participar en una guerra imperialista? Y es más ¿qué sucede cuando sí sobrevive a esta… pero desde el otro lado, es decir, como civil en un Estado imperializado y bombardeado por la OTAN?

Como tantas otras veces, la narrativa popular, la más extendida y legitimada por los medios de comunicación e incluso por determinados especialistas, es la que interesa a los poderes establecidos. Es más conveniente visibilizar las secuelas de un ex combatiente estadounidense que poner sobre la mesa las que desarrollan desde la más temprana infancia los y las civiles en territorios de Oriente Medio; las ciudadanas de Estados fundamentalistas islámicos a las que, aparentemente, rescatan las tropas occidentales mediante bombardeos sobre hospitales y violaciones por parte de militares.

Y, sin embargo, nuevamente la información contrastada nos lleva a cuestionarnos los estereotipos en torno al diagnóstico de TEPT. Si bien la prevalencia de la exposición a sucesos traumáticos es mayor para los hombres que para las mujeres, ellas son más proclives a vivir aquellos sucesos traumáticos que conllevan un riesgo más alto de presentar síntomas del trastorno.

¿Qué quiere decir esto? Los hombres son más proclives a sufrir o a presenciar agresiones físicas, accidentes, conflictos bélicos… mientras que las mujeres son más proclives a sufrir agresiones sexuales, malos tratos en la pareja, y abusos sexuales en la infancia.

Cuando hablamos de agresiones sexuales, es necesario tener en cuenta que se ha demostrado que sus efectos son tan perniciosos que el 94% de las mujeres que viven una, independientemente del diagnóstico posterior, presentan síntomas de TEPT durante las primeras dos semanas tras la agresión. Pero esto, para muchas de nosotras, no es nada nuevo.

Han pasado casi cuatro años desde aquella vez que un hombre me agredió sexualmente en un festival y todavía no puedo pisar un concierto sin que el miedo y la impotencia se apoderen de mí cuando, entre la multitud, noto el roce de otro hombre entre el vaivén de los cuerpos y la música. Ha pasado prácticamente el mismo tiempo desde aquella vez que volvía sola a mi casa, por la noche, y un hombre mucho mayor que yo me interceptó para aferrar mi muñeca y, sin soltarme, tratar de arrastrarme a algún sitio vacío, aprovechándose de mi borrachera. Y podría seguir enumerando agresiones y sus secuelas. Pero no me hace falta; lo que quiero decir es que, por indudable que sea que todas estas experiencias podrían haber tenido un final peor, los efectos a largo plazo han sido demoledores para mi salud.

¿Qué sucede cuando experiencias así son continuadas, ininterrumpidas? Cuando otra chica te cuenta que su padre maltrataba a su madre, que su novio la ha maltratado a ella; cuando la niñez, etapa fundamental para el posterior desarrollo de cualquier persona, la tiñen el pánico y el dolor de los abusos sexuales en la infancia.

Lo que sucede es que semanas, meses y años después, las pesadillas, los miedos aparentemente infundados, las tormentas emocionales y las formas de relacionarse basadas en la ansiedad generalizada y la rabia a flor de piel están a la orden del día para muchas de nosotras. Porque, si bien es obvio que un suceso traumático lo puede vivir cualquiera y que el dolor no discrimina, debería ser igual de evidente que el patriarcado nos violenta sistemáticamente a mujeres, niños y niñas.

Es por esto que encuentro fundamental cambiar esta concepción tan extendida del trauma, porque luego es a nosotras a quienes se nos inculca que estamos haciendo una montaña de un grano de arena, se nos tilda de “exageradas”, se nos adjudican diagnósticos peligrosamente cercanos a las histerias misóginas de no hace tanto, y se nos cuenta que somos así de inestables “por Naturaleza”, desde que nacemos. Abordar las violencias machistas (en todas sus manifestaciones) desde las consultas de los y las especialistas que nos tratan es imprescindible para garantizarnos, en la medida de lo posible, el derecho a la sanación y a vidas dignas y libres de más violencias.

Fuentes

*PTSD Symptoms in Women: Unnoticed and Undiagnosed (PSYCOM) (https://www.psycom.net/PTSD-symptoms-women)

*PTSD is More Likely in Women Than Men (National Alliance on Mental Illness) (https://www.nami.org/Blogs/NAMI-Blog/October-2019/PTSD-is-More-Likely-in-Women-Than-Men)

Sobre la autora

Sol Camarena Medina se define desde hace tiempo como feminista, lesbiana y loca. Nació en 1997 y ha auto-editado tres poemarios, pétalos y espinas, ya lo escribieron ellas y estival; además, sus poemas son parte de diversas antologías, revistas y publicaciones. Es creadora de una plataforma virtual por y para artistas contemporáneas, @artebruja, y co-editora de la revista feminista La Gorgona. Es asidua de encuentros culturales y poéticos de su ciudad, Valencia, y coordina también talleres de lectura y escritura. Además, escribe poemas por encargo, pero lo más importante es que ama y se ríe muy alto. Puedes leerla en Twitter en @sol_c_m_.

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