El feminismo tránsfobo contra la liberación: las TERFs y la ultraderecha

Este artículo es la primera parte de una serie sobre la relación argumentativa e ideológica entre el feminismo transexcluyente y la ultraderecha. En esta parte se tratan sus formas de reclutamiento.

En el feminismo lleva años existiendo una corriente de supuestas feministas cuyo foco principal de actuación no es la violencia contra la mujer, ni los derechos de las mujeres, ni el anticapitalismo… sino que son las mujeres trans, como mínimo para excluirlas y como mucho para atacarlas en internet y en la vida real, sacarlas del armario, difundir sus datos personales y acusarlas de falsos delitos, entre otras cosas. Las feministas que no excluimos a ninguna mujer y comprendemos que su lucha es la nuestra llamamos a estas otras mujeres “TERF”, acrónimo de Trans Exclusionary Radical Feminist (feminista radical trans-excluyente). Podríamos pasar mucho tiempo debatiendo la falsedad de sus argumentos, que no se tenían en pie ni cuando fueron planteados en los 70 ni en la actualidad e incluso podrían catalogarse de pseudociencia. Pero hacer esto no tendría mucho sentido, ya que este grupúsculo de “feministas” es, en forma y función, igual que los fascistas, y que todo grupo reaccionario que tiene cualquier movimiento entre sus filas.

Cualquier persona que conozca esta ideología de odio disfrazada de feminismo puede ver su vinculación con la extrema derecha, que ni siquiera es velada: a veces dan conferencias juntos, se siguen y retwittean entre sí en redes… incluso reciben fondos de organizaciones de ultraderecha. Pero como se podría argumentar que esto es una falacia, podemos observar más de cerca sus técnicas y compararlas.

Las TERFS, o “radfems” o “críticas con el género”, como les gusta llamarse (como cuando los fascistas no quieren ser llamados fascistas sino patriotas, o algo así), plantean el activismo feminista que no excluye a las mujeres trans como una secta, en la que toda la sociedad está siendo adoctrinada (la sociedad, dado que las mujeres trans siguen siendo, por ejemplo, el colectivo más afectado por el desempleo, no parece estar haciendo mucho caso). Para ellas, el feminismo transinclusivo defiende siempre y por necesidad toda clase de ideas que no tienen conexión ninguna con la cuestión trans, como la prostitución o los vientres de alquiler, e incluso la zoofilia, ciertos fetiches sexuales… Básicamente, posicionan a quienes defienden a todas las mujeres como un monolito de ideas misóginas y “degeneradas”, y a toda la sociedad, especialmente a las mujeres cis, como las principales afectadas por ello.

Esto evidentemente es mentira, tan mentira como los “contubernios judeomasónicos” de los franquistas. Es cierto que existe una corriente que liga todas las cuestiones antes mencionadas, pero no es mayoritaria ni en el feminismo ni socialmente (y aunque lo fuese, su problema no es la no exclusión de las mujeres trans). Incluso las feministas más críticas con la pornografía y la prostitución, como Andrea Dworkin y Catherine MacKinnon, defendían que las mujeres trans eran, efectivamente, mujeres:

Para mí, las mujeres son una categoría política (…). Siempre he pensado que no me importa cómo alguien llegue a ser hombre o mujer (…); cualquiera que se identifique como mujer, quiera ser una mujer, viva como mujer, es, para mí, una mujer.”

Catherine McKinnon

Las TERFs intentan plantear que su ideología es la única alternativa existente a un mundo de degeneración, aunque sea obvio que no es el caso. Es extremadamente evidente cómo se liga esto con los planteamientos de extrema derecha, que utiliza preocupaciones legítimas de la clase obrera para redirigir su odio no hacia los culpables de su opresión, en este caso los burgueses y el estado capitalista, sino hacia otro grupo más oprimido, como los migrantes. En los 2 casos se plantea que la única forma de evitar los problemas que da el vivir en una sociedad capitalista y misógina es el ataque a posturas que favorecen a los más afectados por ella. 

Para llegar a la gente utilizan, además, técnicas similares a las del fascismo, sobre todo a las usadas en la actualidad en la era de internet. No son raras entre los fascistas y la ultraderecha las historias de “conversión” ante el hartazgo de “la corrección política”… de la que están más hartos que de la violencia supremacista blanca, obviamente. Las TERFs proceden de forma similar, usando términos como “peak trans” para referirse a cuándo, como feministas, se hartaron de… tratar a la gente trans, y en particular a las mujeres, como seres humanos (no hartándose, en cambio, de los transfeminicidios, de los que el año pasado hubo 3 en el estado español). También son utilizadas como arma las personas que destransicionan, es decir, gente que se empieza a identificar como trans e inicia procesos para cambiar su percepción social de género pero que luego se arrepiente. Este argumento sigue la misma lógica que la de los “ex homosexuales” utilizada por los ultracatólicos. Igual que sabemos que el que una persona cambie de etiqueta para definir su orientación sexual no invalida ninguna de ellas, sabemos también que esta instrumentalización de la gente que destransiciona es una sobresimplificación de un fenómeno muy complejo con muchas causas, que además priva de apoyo real a la gente que se ve en situaciones así y mete miedo ante la idea de transicionar.

Usan también la táctica de “plantear debates”, aduciendo que en el transfeminismo la “libre expresión” se silencia. En realidad, lo que desean es, como la ultraderecha, esconder bajo la “libertad de expresión” su discurso de odio. Cualquiera que conozca cualquier movimiento de liberación sabe que en ellos se debate (a veces demasiado), sólo que no se debate en los términos simples que plantean las TERFs o la ultraderecha, ya que sus preguntas y planteamientos están diseñados para deshumanizar, confundir y molestar. Por ejemplo, si a una mujer trans se le pregunta “qué es para ella ser una mujer” (una pregunta muy habitual entre las TERFs), probablemente necesite bastante tiempo para desarrollar su respuesta, y probablemente ésta necesite de que ella aporte detalles personales incómodos de revelar. Al saberse que se hace maliciosamente, una mujer trans puede, con todo el derecho, no querer responder. Esto es tomado por las TERFs como una victoria, y una excusa perfecta para volver a sus argumentos circulares sobre la feminidad. Es algo similar a cuando un machista nos pregunta “y si somos tan iguales por qué no puedo pegarte”. Podríamos responder, pero… ¿de qué nos sirve si no nos van a hacer ni caso y probablemente tengamos cosas mucho mejores que hacer?

Esta clase de forma de proceder también infravalora el componente emocional, como hace la ultraderecha cuando alude a los “sentimientos frágiles” de las personas oprimidas. Si una mujer trans reacciona de forma demasiado emocional ante la transfobia que recibe, ha perdido. Si reacciona violentamente, es “como un hombre” y no se puede hablar con ella. En ambos casos la mujer es una IRRACIONAL. ¿A qué nos quiere sonar eso? Hmm.

Muchas veces, incluso, utilizan los mismos medios que la ultraderecha como fuente. No es raro ver cuentas de TERFs llenas de links a medios conocidos por su mala praxis, como The Daaily Mail, The Sun, Quillette… Tampoco es raro que publiquen en este tipo de medios, a pesar de que técnicamente van en contra de su ideología (técnicamente). Muchas de las acusaciones que hacen contra las mujeres trans y también contra el feminismo no excluyente son basura sensacionalizada y falta de rigor, información sacada de contexto, datos muy antiguos manipulados y utilizados contra personas concretas… algo que no es ético, pero que es convincente en la era de la posverdad y de las fake news. Consiguen así su propósito de magnificar irrelevancias para causar miedo contra el oprimido, en vez de darle a éste la voz. Esta gente compartirá muy tranquila una noticia de una revista de ultraderecha sobre una supuesta mujer trans que agredió a alguien en un lavabo de mujeres hace 7 años, pero hará oídos sordos ante la violencia que sufren las mujeres trans en los baños a diario, que va de miradas extrañas hasta agresiones físicas. Esta no es forma de proceder para nadie comprometido con la liberación.

Sobre la autora

Kam Ferreras es periodista precaria, escritora precaria y marxista. Co-edita las revistas Llavbor y La Gorgona. @orfeo420

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