Inés Martínez: “Pasión silenciosa es una trenza; es importante colaborar entre todas y no quedarse solo en el ego.”

Inés Martínez es escritora, poeta, y editora. A sus veinticinco años, publica su primer poemario con la editorial Liberoamérica, Pasión silenciosa, y es a raíz de esto que os traemos esta entrevista en que, en conversación con la co-editora Laura López, la autora nos habla de su poemario, de la Literatura con mayúsculas y la que todavía se escribe en minúsculas, de feminismos y de mucho más. Puedes hacerte con su poemario, Pasión silenciosa, a través de la editorial, aquí.

·Has trabajado un montón en el mundo de las letras: como periodista, correctora, editora y guionista de radio, en una sección de libros, o sea, que tenías que crear contenido cultural… ¿Cómo ha sido el trabajo de hacer un poemario por ti misma, ahora como poeta?

En realidad yo empecé a escribir poesía hace muchos, muchos años. Tenía un blog en el que volcaba ideas, que no tenían forma de poemas, pero sí eran muy poéticos; así que pronto empecé a escribir, ahora sí, poesía. Después, conocí a varias personas del mundo poético, como Luna Miguel y Sara Torres; en la presentación del libro de Sara Torres conocí a la que ahora es una de mis amigas, Gema Palacios… y de ahí empezó a gestarse un círculo de amistades en el que todas escribían y publicaban libros.

Yo llevaba un tiempo escribiendo una serie de poemas que quería convertir en mi primer libro. Este primer libro se llamaba Agua y Jazmín y se lo envíe a mis amigas y a dos o tres editoriales, pero me hicieron darme cuenta de que no estaba listo para ser publicado. Era sencillamente un compendio de poemas. No estaba suficientemente estudiado, así que, después de las críticas muy constructivas pero muy sinceras de mis amigas, que agradecí enormemente, decidí guardarlo en el cajón.

A partir de ahí continué con la idea de publicar mi primer libro, pero dándome tiempo, porque hasta entonces, siempre iba con prisas. Había querido publicar mi primer libro a los veintiún años (que fue cuando escribí Agua y Jazmín), y tuve que decirme “tómatelo con calma”. De ahí nació este libro, Pasión silenciosa. Ante la pregunta: “¿qué vino antes, el huevo o la gallina? ¿el título o el libro?”; en mi caso, el título. Este, por cierto, era originalmente en inglés, “A quiet pasion”. Y a partir de ahí me dije “tengo que trabajar en esa pasión que tengo silenciada, que lleva silenciada años, y en la raíz de este silencio”. Era un acto de reflexión, de psicología y de conocerme a mí misma.

·Has mencionado a tus amigas, como inspiración; además, tu libro está empapado de referencias a otras autoras. Me gustaría que hablases de ellas.

Hoy, siendo el día de las escritoras, es algo especialmente bonito. Quiero empezar por mis amigas porque son las que más me influyen, no sólo en el ámbito de la escritura, sino en mi propia vida. Conocí a Gema Palacios en la presentación del primer libro de Sara Torres, “La otra genealogía” y, a partir de ahí, entablamos una amistad muy bonita, cuando ella había escrito ya su primer libro.

Más adelante, fui como poeta invitada a un evento de “la tribu de Frida” que había organizado Carmen G. de la Cueva en la Central de Callao, y ahí conocí a muchas autoras a las que ya leía a través de Internet y admiraba, a Emily Roberts (escritora de la contraportada de Pasión silenciosa) y a Yasmín C. Moreno, dos de mis escritoras favoritas.

Este fue el nacimiento de nuestro grupo de amigas, al que luego se unió Clara C. Scribá, que era amiga de Gema. Desde entonces hemos ido a recitales y eventos juntas, se han leído mis libros, y también los han podido criticar; así, nos hemos ayudado mutuamente y para mí las cuatro son referentes.

Hay muchas más autoras a quienes leo y voy conociendo; por ejemplo, ahora llevo un libro de una escritora que ha publicado con la editorial La Bella Varsovia, Claudia González Caparrós, que me parece magnífica. Este libro fue el accésit al Premio de Poesía Pablo García Baena, “Si la carne es hierba (Sully Morland)”, y tiene otro que se llama “Te miro como quien asiste a un deshielo”. Admiro muchísimo a esta autora que, además, acaba de crear en Barcelona un espacio que se llama “Crisi” en torno al pensamiento y la política accesibles a todos y todas.

Otra autora a la que conocí fue a Luna Miguel, a la que leía desde que tenía diecinueve años. Claro está que también tengo referentes masculinos, pero ahora, en este día, prefiero centrarme en los femeninos. Iosune de Goñi es la prologuista de mi libro y es una escritora, además de fotógrafa, maravillosa que aún no ha publicado ningún poemario, pero sí en muchos medios; y la admiro muchísimo.

Aunque, en realidad, la mayoría de escritoras que me inspiran ya murieron: Emily Dickinson, Sylvia Plath, Clarice Lispector, Anne Sexton, Alejandra Pizarnik… Hay un montón de escritoras geniales que, por desgracia, ya no están con nosotras; pero luego hay otras que sí, por ejemplo, Emily Berry, que es una escritora británica que me encanta; o Chantal Maillard, que vive, afortunadamente, y de hecho, he podido conocerla y tener así libros firmados suyos.

También hay mujeres que no se dedican a la poesía. Delphine de Vigan es una escritora de prosa también magnífica, y me gusta mucho también cómo escribe Amélie Nothomb; las admiro mucho y me han ayudado muchísimo (de forma lejana, evidentemente) en este proceso.

·Desde La Gorgona observamos este fenómeno nuevo de auge de la poesía feminista o literatura feminista, y nos interesa saber tu opinión acerca de la forma en la que grandes plataformas y editoriales clásicas tratan el tema de la literatura escrita por mujeres.

La verdad es que tengo una opinión todavía en formación, porque no soy una entendida en cuanto a feminismo; aunque me considero feminista, me quedan muchos libros fundamentales por leer y no participo en ningún colectivo relevante. Veo un poco hipócrita, por eso, hablar yo mucho de feminismo como tal, aunque comparta muchas ideas.

Creo que lo más importante es insistir en que el feminismo no es sólo para la mujer blanca. El feminismo que practicamos llega a ser bastante exclusivo. Lo que están haciendo ahora muchas editoriales más grandes o más comerciales es dar voz a escritoras, incluso que ya fallecieron; pero es que, como leía esta mañana en Instagram, hasta que no se publique a escritoras negras, asiáticas o nativas del Tercer Mundo, no podemos hablar de la inclusividad de las escritoras que queremos en el mundo literario.

Soy testigo, por tanto, de este auge; pero es un auge muy capitalista, que está dirigido a menudo a quedar bien y rivalizar entre editoriales. Por eso creo que es importante apoyar todo lo que podamos a las editoriales más pequeñas, independientes, menos famosas.

Yo he trabajado en Penguin Random House y adoro los sellos de Alfaguara, Lumen, Caballo de Troya… Hacen una labor imprescindible, pero encontramos también muchas editoriales mucho más pequeñas como Tránsito, o Liberoamérica, editoriales que están dando oportunidades a mujeres a quienes las editoriales grandes excluyen, sólo porque no son tan conocidas y estas se centran en la comerciabilidad. Pero hay muchas más que siguen siendo silenciadas, y es que hasta que no consigamos una panorámica de todo, va a seguir siendo la mujer blanca, principalmente la que ya ha fallecido, la publicada. Incluso si hablamos de escritoras españolas, como Rosalía de Castro o Carmen de Burgos, es claramente cierto que tampoco tienen la visibilidad merecida, pero siguen siendo de las que más.

·Ya has determinado cuál crees que debería ser el trabajo de las editoriales pequeñas, pero ¿podrías concretar un poco más que ideas tiene sobre cómo lograr nuestro objetivo en cuanto a literatura feminista?

Es complicado, porque para ello tiene que haber lectores y lo que veo es que casi siempre somos los mismos, somos circulares. Todos nos seguimos en Instagram, que es la red de referencia de lectura y escritura. Y por mucho que queramos compartir mucho y llegar más allá lo veo difícil por lo que he dicho, que constituimos un movimiento circular.

Cada vez hay más hombres que nos ayudan, lo que considero muy importante. Hoy he leído un tuit de un escritor, Matías Candeira, que decía: “id a librerías, citad a vuestras autoras favoritas, no dejéis de hablar de ellas…” y luego se respondía a si mismo, señalando que es una tontería decir que como lectores no vemos diferencia en el género, porque no basta con eso, tenemos que demandar la igualdad.

No soy partidaria de excluir a los hombres, porque estamos hablando de una literatura feminista, y el feminismo implica la igualdad; en este propósito incluyo a los hombres. Yo hablo de una literatura de la mujer, y no sólo de la mujer con “sexo femenino” sino en la que leamos también a hombres trans, a mujeres trans. ¿A cuántas personas trans estamos leyendo hoy en día? Creo que solo he leído a dos personas, y una de ellas no ha publicado todavía.

Hasta que no aceptemos y valoremos y demandemos literatura de todas y todos no vamos a conseguir en efecto eso, y creo que debemos ser menos exigentes y más abiertos en lo que respecta a quién o donde se publique.

·Volvamos ahora a lo particular ¿cuánto tardaste en escribir este libro que publicas ahora?

Si algo tenía muy claro, partiendo del primer libro que escribí, era que la estructura era muy bella, y se dividía en cinco capítulos: nacer, besar, morir y renacer en el agua. Esta estructura se mantiene, aunque no se llamen así los capítulos.

Nacer, para mí, no trata de cuando salimos de nuestra madre; sino de cuando queremos volver a nacer y estamos sufriendo en ese proceso de adaptación al mundo. Besar es el momento en el que nos damos cuenta de lo que nos provoca el roce, el sentir, los cuerpos; para mí es cualquier beso, es un gesto de cariño. Morir es el proceso por el que te das cuenta de que atraviesas una crisis, no es la muerte literal, sino esta muerte que vivimos a diario muchas veces. Por último, renacer es el proceso de curación en el que quizás sigues herido por todo lo anterior pero te encuentras en un espejo y te das permiso.

Es una frase importante, “me doy permiso”, yo la repito continuadamente en un poema. Me doy permiso para sufrir. Me doy permiso para alejarme de este sufrimiento. Me doy permiso para enfrentarme a lo que tenga que llegar.

Entre la idea del título y esta estructura capitular surgió la idea del libro. No son poemas sueltos sino que siguen un hilo, hay un desenlace. Se llama Pasión silenciosa pero hay un epílogo, al final, que llama a la pasión menos silenciosa, la pasión a voces.

No tardé mucho en escribirlo, pero la idea me tuvo anclada bastante tiempo. Creo que lo más largo fue el proceso de publicarlo, alrededor de siete meses. Fue un proceso bastante duro porque hubo problemas con el que era el editor, que se fue de la editorial dejándonos con lo puesto. Tuve miedo de que nada saliera bien. Más aún porque mis amigas me decían “búscate otra editorial” y yo no quería; entre otras cosas porque, aquí, ya tenía la portada de una fotógrafa que me gusta y a la que quiero, que se llama Teresa Aviedma (@teresaverso en Instagram).

Yo quería que en mi libro colaborasen mujeres, que fuese una forma de visibilizar a otras personas, como Emily Roberts, que fue quien me presentó en el evento. Quería que hubiera compañerismo, no quería estar sola. Por eso, en la presentación hubo un grupo de música. Quise presentarlo en la librería de María Sotomayor, que es también poeta, La Semillera. Sentirme arropada por otras.

·Muchas veces reflexionamos acerca de que el cambio hacia una literatura feminista tiene que ser, no sólo en el contenido, sino también en las formas. El hecho de publicar lo que escribes ya puede ser un gesto de ego, y poder convertirlo en un gesto de solidaridad y una oportunidad para estrechar lazos me parece muy honesto y muy feminista.

Exactamente, para mí este libro es una trenza. Además, hablo mucho de la amistad femenina y del deseo. Hay un poema que se llama “La vida en la lengua”, que habla de masturbación, del deseo más íntimo, de forma que cualquiera que lo lea se va a sentir identificado. Hay mucha esencia femenina y muchas ganas de liberación, una liberación que nos está costando porque seguimos teniendo muchos tabúes.

El libro no es sólo erótico, que es algo que me pregunta mucha gente, al llamarse Pasión silenciosa. Pero sí que habla de la sensibilidad de los cuerpos y de aquello que tenemos arraigado y que nos cuesta mucho decir, esa sexualidad del deseo, y ya no sólo el deseo de los cuerpos, sino, a lo mejor, el de compartir una tarde en el cine, y despertar así ya una sexualidad.

Se trata de una bocanada. Y es que el último poema se llama Bocanada, lo escribí en un taller de escritoras con la editorial Índigo. Era un taller de literatura erótica en el que se nos planteaba escribir sobre una pasión que no fuera únicamente sexual. Esa era la idea que yo tenía para mi libro, “tenemos que dejar de silenciarnos”, y esto me costó decirlo en la presentación, por ejemplo, por la presencia de mi familia, pero lo dije.

Respecto a cómo cambiar la forma, diría que es importante colaborar entre todas y no quedarse sólo en el ego. Sin tampoco caer en una rivalidad capitalista; en Instagram, por ejemplo, veo con frecuencia colectivos que demuestran mucho amiguismo. Por eso, creo que siempre es importante conocer gente nueva y apoyarla por lo que hace, no sólo por si pertenece a nuestro círculo.

Yo, por ejemplo, a Claudia González Caparrós no la conocía tanto cuando le escribí un texto felicitándola por su libro. Me gusta hacer eso, hacer trenza. Creo que tenemos que dejar el ego atrás y expresar lo que nos conmueva, sufrimos de una falta de expresividad muy grande, a pesar de tener la mayor herramienta para expresarnos, que es Instagram y las redes sociales en general.

·Antes has comentado que tus amigas han sido críticas con tu obra. ¿Cómo se compaginan las relaciones de trabajo cuando son tan emocionales? ¿Has estado tú en la posición de criticar el trabajo de alguien querido y nos puedes hablar de ello?

Sí, entre mis amigas nos mandamos todo lo que escribimos, lo leemos y comentamos. Emily Roberts me ha ayudado un montón con sus críticas constructivas, siempre, por supuesto, respetando que se trata de mi obra. Clara Scribá, que es correctora, estuvo también ayudándome mucho.

Al principio, te duele en el ego recibir estas críticas, pero luego te das cuenta de que lo hacen desde el amor, porque son tus amigas. Te lo vuelves a leer con la mente más abierta, quizás con decepción porque tu obra es como tu bebé. Con el primer libro me pasó que la crítica fue bastante dura, pero tienes que seguir escribiendo. Me dolía también porque me sentía muy pequeñita, pero un día dije “también valgo” y seguí trabajando, seguí mandando lo que escribía y las críticas cada vez eran mejores. La confianza ayuda mucho.

También se lo mandé a un editor de Penguin Random House, que es uno de los directores literarios que conocía porque trabajé allí, y le pareció estupendo, me hizo algunas anotaciones. Él se lo mandó a Ben Clark y su respuesta fue horrible, pero sobre todo, porque no comentó mi libro, sino que criticó las influencias de otras autoras presentes en este.

Yo, que soy ahora también editora en Liberoamérica, intento que mis críticas sean muy constructivas, aunque es cierto que no todo el mundo es receptivo. Creo que hay que recibir críticas, pero siempre desde el “te propongo que hagas esto…”, no desde el “esto no me gusta”.

·¿En qué es en lo que piensas para sacar esa fuerza emocional para seguir escribiendo y publicando cuando te has enfrentado a obstáculos como de los que nos has hablado?

He de reconocer que, cuando este verano me enfrenté a que el editor se fuera de la editorial, me dejara pendiente el libro; fue algo muy doloroso. Una de las cosas que pensé era “no quiero publicar más”. En el momento te dejas llevar por ese impulso negativo.

La fuerza la saqué de mi madre, de Iosune de Goñi, de Marta Castaño, que hizo las ilustraciones, de un chico muy especial que me ha apoyado como nadie… Creo que la saqué de los demás. A partir de ahí, se trata de mi propia fuerza, pero a priori no la tenía.

·Me llama la atención que, casualmente, el único hombre de la editorial fuera el que generó ese problema. Hasta donde tengo entendido, tú eres defensora de los espacios mixtos, pero ¿cómo podemos tener en cuenta ese filtro?

R: Creo que depende de la personalidad, porque yo me encuentro con muchas mujeres que también tienen maldad, así que es más difícil hacer la criba. Sobre todo, con personas como este hombre, que se volcó mucho en mí de una manera incluso obsesiva, y luego de repente pasaba al odio y al ataque.

Es muy complicado tener un filtro, a priori, porque quizás nunca llegas a conocer a alguien del todo y te puede sorprender con un ataque iracundo. Tenemos que ir poquito a poco; quizás hacer algunas preguntas, rodearte, conocer…

Ahora mismo, por ejemplo, estamos editando el poemario de un chico y saldrá publicado el año que viene. Es un libro maravilloso, que merece muchísimo la pena que aparezca publicado aquí, en una editorial aparentemente de mujeres. Sí quiero que sea una editorial más protagonizada por mujeres. pero sin excluir a los hombres.

Sí que es curioso que casualmente este fuera el único hombre, y el que iba proclamando que éramos maravillosas, predicando la sororidad, el feminismo… y que luego nos dejó en la estacada. Pero también hay muchas mujeres que tienen problemas con otras mujeres, desgraciadamente.

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